Los primeros referentes históricos de la población actual del distrito de Copallín, están ligados a la historia de Copallín Viejo, erigido en la actual circunscripción de Aramango. Don Juan Requejo Guerrero, cuarto alcalde de la provincia de Bagua, recordaba que los nativos incendiaron por tres veces consecutivas el poblado de Copallín Viejo.
El sacerdote José Maria Guallart indica que en 1845 un grupo de aguarunas a los que acompañaba una mujer, subieron a Copallín Viejo (hoy Lomas de Aramango) para trocar copal, loros y changuitas por machetes y hachas. Los aborígenes tuvieron la mala fortuna de toparse con gente no muy confiable, estos tienden una celada a los recién llegados agasajándolos, emborrachándoles con debidas espirituosas, matan a los hombre y abusan sexualmente de la mujer; habiéndose hecho general estos penosos eventos, los aguarunas (awajún) se organizan y caen por sorpresa sobre Copallín.
Dado que la historia oficial es de los vencedores y no de los vencidos, de los influyentes y no de los de perfil bajo; los nativos han sido tildados como “infieles”, como salvajes entregados a la carnicería y al pillaje, entre tanto los colonos fueron dados como inocentes, como los indefensos, como los que sufrían múltiples vejaciones. En un expediente de 1870, se recuerda que en el año de 1857 los nativos asaltaron el pueblo antiguo de Copallín, mataron a sus habitantes, talaron los campos, se apropiaron de los bienes y se llevaron a las mujeres –el documento agrega- que desde esa época Copallín quedó abandonada y las viviendas, el templo, el cabildo, etc. etc. Se mantenían en escombros, dando a conocer que en alguna época fue una población de cristianos.
Los vivientes que escaparon de la hecatombe, entre ellos un tal Huatangari, permanecieron por algún tiempo tocando las puertas de las poblaciones hospitalarias, hasta que los habitantes de La Peca tuvieron a bien condonarles una sección de sus terrenos en donde se agruparon y fundaron un pueblo con el nombre de Nuevo Copallín, en ese entonces discurría el año de 1860.
La mudanza y la distancia no resultaron buen cobijo, el 26 de octubre de 1870 el gobernador Pedro C. Molla y José Felis Molla síndico municipal ambos autoridades de La Peca, elevaron un petitorio a los representantes nacionales (diputados), se manifestaba que los pueblos de Copallín, La Peca, Morerilla y Bagua Chica (así llamado entonces) se encontraban expuestos a desaparecer de un momento a otro, dan cuenta que los “salvajes” han vuelto a aparecer y han amenazado con una incursión sangrienta.
La desesperación era evidente y el temor se manifestaba con frases desgarradoras como: “nos presentamos… ante vuestra paternal clemencia”, “Padres conscriptos de la Patria nos dirigimos implorando su protección”, “Padres amorosos de la patria suplicamos rendidamente provean lo conveniente”.
El pedido de auxilio de la fuerza pública para defender y hacer respetar sus derechos, se vio respaldado el 18 de noviembre de 1870, con la directiva del establecimiento de una guarnición en La Peca; posteriormente la Comisión Principal de Guerra opina respaldar el proyecto de creación de la guarnición, por condiderarse una medida de suma importancia para proteger a los pueblos civilizados. (Cámara de Turismo de Bagua, Elvis Chugna - Presidente)
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