Indignación
e impotencia es lo que siento y es lo que sienten los policías peruanos por el
despiadado desprecio que ha mostrado el Ministro del Interior y el comando de
la Policía Nacional, al abandonar a su suerte al policía César Vilca, llegando
al extremo que su cadáver sea encontrado por su propio padre.
Estos indignos no
han tenido la mínima piedad ni lástima por ese padre, que derruido por el dolor
y en medio de la impotencia buscaba a su hijo.
El
comando de la policía ha olvidado el juramento de que jamás deben abandonar a
sus camaradas de armas.
A estas horas no creo que yo sea el primero en pedir la
renuncia del ministro del interior y de todo el comando de la Policía Nacional por
incapacidad y sean denunciados por cobardía porque esos policías han ido a
pelear en defensa de la patria.
(Jorge Contreras)





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